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Nuestras cosas solían ser fabricadas para durar

Nuestras cosas solían ser fabricadas para durar: ropa, calzado, estufas, calentadores, lavadoras y desde hace algunas décadas autos y aparatos electrónicos

Pero ahora ya no es así y ese es un rasgo más de nuestra realidad condicionada, rota, desgarrada.

El Capitalismo con su máxima de la obtención de mayores ganancias en el menor tiempo posible, ha reducido el ciclo de vida de los satisfactores y ha creado necesidades ficticias con el gran poder de la mercadotecnia, así que el resultado es que los productos que adquirimos tienen un ciclo de duración que ya no controlamos

A nuestras comunidades locales se les está negado cada vez más el derecho a reparar esos productos satisfactores. La gran industria manufacturera niega la información necesaria para ello contenida en diagramas mecanicos y electrónicos de sus partes componentes, niega la disponibilidad de refacciones, las encarece y concentra los canales de distribución.

Por ello ya no es posible reparar y ofrecerles mayor duración; y si no podemos reparar, entonces realmente no somos dueños de los productos que adquirimos. Si no podemos repararlos tampoco podemos usarlos, conocerlos, modificarlos, cuando queramos, en donde queramos, cómo lo deseemos. Se trata entonces de un asunto de libertad no sólo personal, sobre todo de nuestras comunidades y países..

Reparar es una alternativa al consumo irracional y al reciclamiento, crea empleos en los circuitos económicos locales, trata al medio ambiente con mayor respeto haciendo que los productos duren más y debe ser una opción que le permita al propietario ahorrar.

Reparar es un derecho.